Mi jabón está como una cabra!!!

Es sorprendente el origen de las cosas. Algo tan habitual y de uso cotidiano como el jabón tiene una procedencia que para que algún escrupuloso lo usara habría de nacer de nuevo.

Hoy en día, la mayoría de los jabones que usamos están compuestos , en su mayor parte, por aceites vegetales como los usados en cocina y reciclados, más sosa caústica. 

 

 Pero fueron los fenicios los que nos enseñaron a hacer el jabón de la manera que lo conocemos. Anteriormente los hititas ya usaban la planta de la jabonera ( saponaria officinalis), pero no lo podemos considerar exactamente jabón.

Como decíamos , los fenicios lo fabricaban hirviendo grasa de cabra (ahhhhh!!!!…qué horror.), agua y cenizas.

El resultado estupendo ( nos referimos a después de lavarse), pero el origen deja algo que desear.

 

Así es nuestro mundo.

 

 

¡¡¡ CERDO !!!, REPUTACIÓN INMERECIDA.

Queríamos comenzar este nuevo ciclo  intentando desmitificar algunas afirmaciones históricas sobre higiene y sobre todo resaltar que hay seres vivos que, aún siendo tachados de “poco higiénicos” , haciendo un zoom sobre su cotidianidad y costumbres nos sorprendería lo erróneo de esas afirmaciones.

 

Para comenzar el gran paradigma de todo ese tinglado, el CERDO.

 

Para un ESCRUPULOSO, sólo su mención ya suscita repugnancia y algo más; pues bien, el cerdo debe a su mala fama sus enormes problemas de piel, tiene que  embarrarse para protegerse del sol y para desparasitarse. Claro, la pregunta es: ¿ y qué pasa con hacerlo en su propia orina y heces?. La respuesta es sencilla, el espacio del que dispone. 

 

Esto puede darnos una pista. El cerdo cuando está en periodo de lactancia, aún a riesgo de perder la ubre ganada a pulso, cuando tiene necesidad  de miccionar, se retira a una zona apartada de donde come o habita.

 

Advertencia:  No comparar con algún ser humano de vivienda escueta, que en tiempos de crisis justifica su conducta higiénica con el consabido:  ¡¡¡ Claro, es que no tengo espacio!!!

 

Dicho queda.